MOVIMIENTO MODERNO EN MEXICO
Este semestre viví una experiencia académica que marcó un antes y un después en mi formación como estudiante de arquitectura. La materia del Análisis Arquitectónico de la Arquitectura y el Arte no solo me brindó conocimiento, sino que me permitió ver la arquitectura desde una nueva perspectiva, mucho más profunda y emocional.
La arquitecta Jazmín transformó por
completo la forma en que me acerco al análisis de la arquitectura. Desde el
inicio del semestre, su enfoque didáctico nos permitió ir más allá de la teoría
tradicional.
No se trataba solo de memorizar fechas,
estilos o nombres; se trataba de vivir la arquitectura, de interpretarla y
transmitirla. Una de las herramientas que más disfruté fue la creación de un
podcast y un cómic, en los que tuvimos que investigar a fondo el Movimiento
Moderno, sus características, su filosofía y su impacto tanto a nivel
internacional como en México.
Estas dinámicas creativas no solo hicieron
que el aprendizaje fuera más significativo, sino que también despertaron en mí
una conexión emocional con los conceptos y personajes que antes me parecían
lejanos o abstractos.
A través de estas actividades, comprendí
que el Movimiento Moderno no es simplemente una etapa en la historia, sino una
revolución en la manera de pensar y hacer arquitectura. Su esencia reside en la
funcionalidad, en la sinceridad estructural, en la lógica constructiva y en la
eliminación de ornamentos innecesarios. La arquitecta Jazmín nos mostró cómo
reconocer estas características en obras concretas, invitándonos a leer los
edificios como si fueran textos cargados de significado.
En el contexto mexicano,
analizamos ejemplos fundamentales como el Conjunto Habitacional Presidente
Alemán (CPA), diseñado por Mario Pani en 1949. Esta obra no solo responde a una
necesidad habitacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, sino que
materializa ideas modernistas como la integración de vivienda, comercio y áreas
verdes, inspiradas en las propuestas de la Ciudad Radiante de Le Corbusier.
Cuando vimos imágenes de la Casa
Estudio Luis Barragán (Ciudad de México, 1948), entendí algo nuevo: que la
modernidad no tenía por qué ser fría. Barragán utilizó planos simples, sí, pero
los llenó de luz, color y silencio. El uso del rosa mexicano, del amarillo
cálido, de muros que no solo dividen sino que conducen... todo eso era
modernismo, pero con alma.
También conocimos su obra Torres de Satélite (junto con Mathias Goeritz, 1957). Esas torres abstractas y coloridas siguen siendo un ícono del paisaje urbano, como si fueran esculturas clavadas en la ciudad. Modernismo con carácter, con identidad.
Esta torre, ubicada en la Ciudad de
México, fue diseñada por L. Benjamin Romano y finalizada en 2016. Tiene 246
metros de altura y es actualmente uno de los rascacielos más altos de América
Latina. Pero más allá de su altura, lo que la hace especial es su integración
del diseño moderno con una conciencia ambiental y estructural impresionante.
En 2020, Romano recibió el Premio
Mies Crown Hall Americas (MCHAP) un reconocimiento internacional importante
que, aunque no es el Pritzker, posicionó a la Torre Reforma como uno de los
mejores ejemplos de arquitectura contemporánea. Jazmín nos aclaró que el Premio
Pritzker, el galardón más prestigioso en arquitectura, aún no lo ha recibido un
mexicano desde Barragán (en 1980), pero que esta torre representa un nuevo
momento para la arquitectura mexicana en el mundo.
La Torre Reforma mezcla tecnología, sustentabilidad y sensibilidad urbana. Tiene una fachada que se abre como libro hacia Paseo de la Reforma, está construida para resistir sismos, y su interior es tan funcional como visualmente poderoso. Ahí entendí cómo el legado moderno sigue presente, aunque dialogando con las necesidades actuales.


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